Press "Enter" to skip to content

Coronas en misión comercial

La monarquía británica vuelve a ponerse el traje de negociadora informal. En un movimiento tan elegante como calculado, Carlos III y Príncipe Guillermo preparan visitas separadas a Estados Unidos como parte de una ofensiva de encanto destinada a mantener viva la “relación especial” con Donald Trump.

El gesto no es menor: sería la primera visita de un monarca reinante en casi dos décadas y llegaría en abril, justo cuando Londres necesita algo más que buenos modales. El telón de fondo es un acuerdo comercial empantanado y una inversión tecnológica multimillonaria congelada por Washington, cansado de regulaciones británicas, impuestos digitales y barreras sanitarias.

La jugada mezcla simbolismo y urgencia. Las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia estadounidense ofrecen el marco perfecto para una reconciliación que, dos siglos y medio después, vuelve a pasar por los bolsillos antes que por los cañones. La corona aporta sonrisas; Downing Street espera contratos.

Catalina, Princesa de Gales, el Príncipe William, Donald Trump y Melania Trump caminan por un campo cubierto de hierba.

En ese tablero, el príncipe Guillermo tendría su propio rol: viajar a América del Norte durante la Copa Mundial de la FIFA 2026, en su condición de padrino del fútbol inglés. El calendario permitiría incluso un guiño final: estar en suelo estadounidense el 4 de julio, día grande de la independencia.

La diplomacia real se activa precisamente porque la política formal chirría. Washington exige mayor acceso para los agricultores estadounidenses al mercado británico, un punto inflamable a ambos lados del Atlántico. Londres, consciente de la proximidad de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU., quiere cerrar algo antes de que la campaña convierta todo en munición electoral.

No es casual que Keir Starmer quede al margen. El primer ministro no acompañará al Rey: la Casa Real ofrece menos fricción que un jefe de Gobierno, y eso, con Trump, es un activo diplomático en sí mismo. El canciller británico, en cambio, sí haría de respaldo institucional.

La historia presta el tono justo de ironía. En 1976, Isabel II recordó que Estados Unidos nació de un conflicto amargo con Gran Bretaña, pero que las cuentas viejas podían saldarse. Medio siglo después, sus herederos regresan con el mismo mensaje, aunque actualizado: la paz se celebra con banquetes; la alianza, con acuerdos comerciales.

Así, mientras las invitaciones formales aún no llegan y los planes se afinan en voz baja, la monarquía vuelve a hacer lo que mejor sabe en tiempos difíciles: sonreír, estrechar manos y recordar que, a veces, una corona pesa menos que un tratado… pero puede abrir la puerta para firmarlo.

 ✍️ ©️2025  Cronista del Viejo Mapa – All Rights Reserved


©️2025 Guzzo Photos & Graphic Publications – All Rights Reserved – Copyright ©️ 2025 SalaStampa.eu, world press service – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy

error: Content is protected !!

* 64 *