Londres desempolva la diplomacia blanda y envía a Carlos III y a Guillermo a Estados Unidos para seducir a Trump, destrabar un acuerdo comercial y celebrar, con ironía histórica, los 250 años de la independencia norteamericana.
Londres desempolva la diplomacia blanda y envía a Carlos III y a Guillermo a Estados Unidos para seducir a Trump, destrabar un acuerdo comercial y celebrar, con ironía histórica, los 250 años de la independencia norteamericana.
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