
Decenas de manifestantes indígenas rompieron hoy el cerco de la Cop30 en Belem, Brasil, y no precisamente para tomarse selfies con Greta. Armados de porras y pancartas, exigieron lo que la ONU aún discute en cómodos salones con aire acondicionado: acceso y respeto a sus tierras.
La escena fue tan simbólica como violenta. Mientras los delegados debatían sobre compensaciones de carbono, los guardianes reales del bosque derribaban las mesas de seguridad para abrir paso al rugido de la selva.
El presidente Lula había presentado a los pueblos indígenas como “socios estratégicos” del evento. Pero al parecer, nadie les explicó que el rol de “socio” incluía esperar fuera, bajo el sol de Pará, mientras los ejecutivos del agronegocio bebían agua mineral importada.
“No podemos comer dinero”, gritó Gilmar, líder tupinambá. En una frase, pulverizó toda la retórica diplomática que ni cien paneles podrían resumir mejor.
Los guardias respondieron con empujones, y la ONU, fiel a su estilo, “lamentó los incidentes” y prometió “abrir canales de diálogo”. Es decir: convocar una reunión para decidir cuándo será la próxima reunión.
El icónico jefe Raoni, presente en la cumbre, pidió a Brasil “empoderar a los pueblos nativos”. Pero en Belem, la palabra empoderar parece haberse traducido como encerrar.
Dos heridos, varias banderas rotas y una imagen que lo dice todo: el bosque pidiendo paso entre credenciales y cordones de plástico. La Cop30, nacida para escuchar a la naturaleza, terminó subiéndose el volumen para no oírla.
✍️©2025 La Voz que No Murió – All Rights Reserved
© 2025 BlogDiario.info – All Rights Reserved – SalaStampa.eu, world press service – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy
