El régimen iraní activa su reflejo más conocido —la coerción— ante protestas persistentes que exponen fisuras internas, presiones externas y una gobernabilidad cada vez más frágil.
El régimen iraní activa su reflejo más conocido —la coerción— ante protestas persistentes que exponen fisuras internas, presiones externas y una gobernabilidad cada vez más frágil.
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